<< Querida Ámbar:
Mi lady, el tiempo ha pasado, es hora de cumplir tu destino.
Te espero mañana al amanecer, en el faro de Querandí.
Sir Merry>>
Los incesantes pasos resonaban en las escaleras a
gran velocidad en el faro. Una adolescente sube sin
descanso los incalculables escalones, a una cima que
aparenta no tener. La luz del sol ilumina su cabello largo y
oscuro, resaltando sus ojos de un color azul ártico. Llevaba
puesto un jeans, una remera y unas cómodas zapatillas.
Mientras sube incansable por las escaleras, recuerda aquella
misteriosa carta, causal de la salida de su hogar con los primeros
rayos del sol. Como un interminable eco, su mente repetía una
y otra vez aquellas palabras, despertando inquietud y temor
por quién le esperaba en lo alto.
La joven perdió la noción del tiempo y hasta la debilidad de
la carne. Inmersa en su infinita ascendencia con la esperanza
de chocar más que con el anónimo, sino con la respuesta a su
naturaleza extraña. Sus recuerdos borrosos y casi nulos de su
vivencia la desesperaban. Sus sueños la atormentaban, sentía
que renacía una y otra vez, y despertaba fuera de su realidad.
Un rojo intenso tiñó lentamente el cielo, y a medida que la
oscuridad se apoderó de aquel claro día, el sensor de las luces
en el faro las encendía en cadena hasta llegar a la muchacha,
jugándole una carrera.
—¿Quién es Merry? ¿Verdaderamente podría mostrarme sobre
mi pasado? ¿Estaré haciendo lo correcto yendo al encuentro de
un extraño?—.
Tratando de alejar de su mente sus inquietudes, notó que
la noche se había hecho presente y aquel bello amanecer hace
horas había desaparecido. Desconcertada y aturdida por no
entender lo que estaba pasando, cerró los ojos y trató de tran-
quilizarse. Respiró profundo e intentó convencer a la razón
que el cansancio la hacía alucinar. Al abrirlos, se admiró,
aún más, al encontrarse parada en la cima del faro y no en
las escaleras. Era de noche, el cielo iluminado, incontables
estrellas. Sin entender como pudo pasar, todo un día subiendo
por aquellas escaleras, sin descanso, sin comer, sin beber agua.
Su pensamiento se interrumpió al escuchar unos pasos. Miró
alrededor y localizó a un hombre de edad avanzada, de
cabellos y barbas largas y blancas. Medía alrededor de 1,90
metros. Vestía una túnica gris con detalles rojos y en su mano
sostenía un gran báculo. Sin voltear, y con su mirada hacia el
mar, pronunció:
—Has llegado justo a tiempo. Es bueno verla nuevamente,
parece que el tiempo ha pasado tanto para ti como para mí,
Ámbar—.
—¿Quién eres? ¿Cómo sabes mi nombre? ¿Para qué me
quieres?—.
—No desesperes, ten paciencia y escucha, en el viaje encon-
trarás las respuestas—.
—¿Cuál viaje?—. Interrogó.
—Comenzaré desde el principio, claro, si Mi Lady2
me lo
permite—. Le respondió. Ámbar creyó que se había enojado y
rápidamente agachó la cabeza avergonzada, en muestra de que no lo interrumpiría. —Me llamo Merry Jeims3
, ya me conoces,
pero no lo recuerdas. Habrá tiempo para eso. Ahora escucha:
Irás a Yahannat, “El reino de los humanos”, donde te encontrarás
con un viejo amigo a quien adoras: Xinux Warpp. No preguntes
nada, guarda silencio y sé paciente—.
Luego de una breve pausa continuó:
—Esta es vuestra oportunidad para conocer todo lo que
ansías y no debes de perderla—.
Ámbar permaneció en silencio, siguiendo las indicaciones
que Merry Jeims le daba. Todo le era tan extraño.
—Ya es hora —. Continuó. —No te asustes, todo lo que verás y
vivirás es real, no es un sueño ni mucho menos una pesadilla—.
Dicho esto, se acercó a ella balbuceando palabras que no
logró entender. Ella retrocedió lentamente, y sin oportunidad
de reacción, él la empujó con el báculo. Se desplomó, pero el
suelo había desaparecido, caía dentro del faro a gran velocidad.
Las escaleras se desdibujaban por la velocidad, encontrando a
su alrededor una profunda oscuridad. El miedo se apoderó de
ella y cerró los ojos con fuerza.
Poco después, sintió llegar al fondo, creyendo raramente
que era su fin. El suelo donde yacía su cuerpo, era húmedo y
blando. Con temor, abrió sus ojos, no podría ni imaginar con
que se toparía ahora. Todo era aún más excepcional. Sin rastros
del faro, un jardín lleno de flores de mil colores la rodeaba.
Inmóvil, contempló el cielo, era un día espléndido.
Sobresaltada, sentó su cuerpo en el césped al notar la pre-
sencia de alguien más. A su lado, un hombre vestido de guerrero
la observaba con una sonrisa amable y alegre. Vestía prendas de colores azules, con un escudo de león con dos espadas a la
altura del corazón. A un costado llevaba una espada. La mitad
de sus cabellos dorados cubrían parte de su rostro y la otra mitad
descansaba tras sus orejas levemente puntiagudas. Sus ojos eran
verdes y su sonrisa tan apacible como ese cielo azul celeste.
Una emoción inexplicable ocurrió cuando cruzaron miradas.
Sintió paz, la cual no pensó tener en ese ambiente tan extraño,
aunque lo más importante o extraño era lo familiar que todo
le resultaba. Ambos mantuvieron la mirada como si se cono-
cieran de toda la vida, pero ella no tenía idea de quién era.
Sólo las flores se movían danzando a causa de una suave brisa
que las acariciaba, y las infinitas y coloridas mariposas que
revoloteaban por doquier, tal fuera un paraíso.
—¡Qué bueno verla, Ámbar! Realmente la he extrañado
mucho, Mi Lady—. Comentó mientras se acercaba a ella y le
extendía la mano para ayudarla.
—Quisiera decir lo mismo, pero realmente ni sé dónde es-
toy—. Le respondió mientras se levantaba.
—Xinux Warpp, a vuestro servicio. Merry me informó que
no recuerdas nada, que poco a poco volverá vuestra memoria.
Lo lamento mucho. Cambiando de tema, estamos en Samoll,
pueblo de Yahannat, “Reino de los humanos”. Seguro tienes
hambre. Ven a mi cabaña, os daré de comer—.
—Sólo si no es mucha molestia—.
—Claro que no. —Sonrió, y ella se sintió cautivada por su
hermosa sonrisa. —¡Ven conmigo, Mi Lady! Ese es mi hogar—.
Enunció mientras señalaba una enorme cabaña. —En casa
nos encontraremos con Sulmy
que preparará un almuerzo para deleitarnos, posteriormente os brindaré una habitación para
que descanses. Por cierto, ella conocía de ti antes que os
marcharas—.
Al entrar a la cabaña sintió la brisa fresca entrar por un gran
ventanal. Xinux le indicó el comedor y ella pasó.
—Toma asiento, Mi Lady, por favor—. Pidió aquella señora
de baja estatura, de piel arrugada y mirada tierna.
—Tal vez no me recuerdas porque eras muy niña, pero yo
antes me ocupaba de ti—. Comentó mientras le servía unas
especies de galleta con un jugo. —Este era vuestro desayuno
preferido. Espero que aún lo sea.
—Muchas gracias. Huele muy bien— halagó mientras esperaba
que Xinux también tenga su vaso lleno y su plato de galletas.
Relojeó el lugar, con su corazón acongojado y su mente
nublada, llena de penumbras.
—Es Rañum5, son hechas de un maná que proviene de las
noches en los valles. Solíamos estar siempre en movimiento,
así que nuestras comidas solían ser a base de esto.
—Saben deliciosas—. Sonrió.
—¿Cómo os sientes, Mi Lady?—.
—Bien, creo… Quisiera saber realmente en dónde estoy,
quisiera acordarme, como tú dices, pero… me siento muy rara
aquí…—.
—Mi lady, quisiera que no te sintieses mal. Ten paciencia, ya
llegará el momento en el cual recuerdes todo—. Tranquilizó.
—Mañana al amanecer nos pondremos en marcha, y podríamos visitar vuestro sitio favorito, así tal vez logres recordar.
Claro que tendríamos que desviarnos un poco de nuestro
recorrido.
—¿Dónde iremos?—.
—Merry me ha indicado que debo llevarte hasta “El Castillo
de Yahannat”, en donde encontraremos las demás indicaciones.
No quiero decirte mucho, no quiero confundirte con historias.
Hay demasiados rumores, que sólo son eso, rumores.
—Entiendo—.
Mientras deleitaban los alimentos Xinux comentó la rela-
ción que presentaba con Sulmy. A pesar de ser cedida como
sirvienta desde sus superiores, ella era parte de su familia, no
la trataba como a una esclava. No omitió mencionar que en su
reino había cambiado, aunque muy poco, la relación con sus
siervos. La gente con dinero y poder trataba mejor a los que
los servían, respetando sus religiones o su tiempo de calidad
con sus familias. No obstante, en muchos reinos, cabe recalcar,
ser campesino era sinónimo de ser algo así como un esclavo.
Amanecía cuando Ámbar despertó sobresaltada, sentía
haber despertado de un largo sueño, pero no, todo era real.
Abrió los ojos y levantó su cuerpo de inmediato, tratando de
recordar cómo había llegado allí. Se acercó a una ventana y
al mirar tras ella recuerdos de una tormenta se reproducían
en su mente. «Un cielo gris. Una cabaña. Sulmy gritando y
corriendo hacia una niña. Un hombre borroso en la puerta.
Llovía a cántaros. Oía los truenos y relámpagos. Un trueno
sonó tan fuerte y tan real que la asustó, retrocedió y cayó de
espaldas». Tras el impacto desaparecieron aquellas imágenes
y sonidos. Poco después llegó Xinux a la habitación, corrió
impresionado por el ruido de su caída.
—¿Mi Lady, te has lastimado?—.
—No te preocupes, sólo ha sido mi torpeza—.
—Ten cuidado, no quisiera que te lastimes—. Le confesó y
agregó: —En minutos estará el desayuno. Alístate y luego
baja. En el placar hay un bolso que trajo Merry, seguramente
de vuestra precedencia. Elije varios vestidos de los que están
ahí y cárgalos en él. Ponte el que más te guste. Todo lo que
está en esta habitación es vuestro, son mi obsequio para ti y
mi forma de demostrarte cuanto te he extrañado, Ámbar—.
—Gracias—. Expresó sin más palabras para decir.
—Cuando estés lista, baja con el bolso porque nos iremos a
Ifany—.
Xinux marchó, ella sintió curiosidad y ojeó el placar, mara-
villada al ver tantos vestidos, revolvió los cajones y abrió cada
una de sus puertas. Halló varias cosas de su agrado, las cuales
guardó con las que había dentro del bolso. Vistió un hermoso
vestido de seda blanco, como las sandalias que escogió para
ponerse, entre la gran variedad. Las zapatillas que traía puestas,
el jean y la remera los dejó dentro del bolso, en uno de los
costados, separados de lo demás. Al estar lista, posteriormente
de cepillar su largo cabello, bajó y se dirigió al comedor.
Caminó distraída, pensó cómo sería su nueva vida, o “descu-
bierta vieja vida”, y chocó con Xinux en el pasillo.
—Estás hermosa—. Sonrió y luego prosiguió: —Pasa al comedor,
Sulmy servirá la mesa. Mientras podríamos hablar de vuestra
vida allá en…—. Quedó en silencio unos segundos, tratando
de recordar, pero al fin agregó: —Ese mundo donde viviste
siete años de vuestra vida—.
Ella asintió con un leve moviendo con su cabeza como
confundida, mirando desvariadamente para todos lados. En
segundos se ubicó en una de las sillas del comedor, Xinux la
imitó.
—Ahora bien, cuéntame—.
—No sé lo que ocurre, no puedo recordar nada de antes de
llegar aquí. ¿Qué me sucede?—.
—Será tal vez el portal. Al atravesar mundos diferentes produce
una pérdida de memoria temporal. No te preocupes, seguro con
el tiempo lograrás recordar—.
En ese momento su cara cambió, su gesto demostraba temor.
Xinux creyó en la posibilidad de la vuelta de su memoria e
indagó:
—Ámbar, ¿Estás bien?— Al no obtener respuesta, insistió.
—¡Respóndeme, Ámbar!—.
—Discúlpame—. Pronunció al volver en sí. Había recordado
algunas imágenes fugaces de su pasado, pero lo suficiente-
mente breves como para no lograr entenderlas.
—¿Cuéntame, Mi Lady?—.
—Sólo pensaba—. Aseguró, pero intrigada inquirió: —Me
gustaría que me cuentes de antes, de mi familia, ¿Quiénes
fueron mis padres?—.
Ante el interrogatorio, quedó boquiabierto. Ámbar insistió.
—¿Quiénes fueron mis padres? ¿Tengo familia?—.
—Ha pasado mucho tiempo, lo único que puedo decirte es
que vuestros padres fallecieron. Un vago recuerdo vuelve a
mí en algunos momentos, no sé si será parte de sueños o de la
realidad… Te voy a pedir un favor, no me preguntes nada,
espera hasta que lleguemos a Ifany y hablemos con Kapa-
na—. Manifestó complicado.
—¿Es posible conseguir una respuesta?—.
—No puedo prometerlo. Pero lo más probable es que lo hagas
durante tu estadía en tus tierras. Lo único que sé y te puedo
decir, es que vuestros padres fueron unas personas muy impor-
tantes para Yahannat y todo Unamilum. Debes de sentirte
muy orgullosa de ellos. ¿Me entiendes?—.
—Sí, discúlpame. La angustia de saber al fin mi origen me
asfixia. Siento la necesidad de encontrar respuestas…
—Aquí tienen vuestro desayuno preferido, jugo de naranja,
huevos y Rañum—.
—Rañum—. Repitió Ámbar entusiasmada.
—Sabía que te gustaría. Lo sé porque era nuestro desayuno
preferido—.
Ámbar comió tranquilamente, no podía negar que la comida
sabía exquisita. Al terminar el desayuno, juntaron el equipaje
y despidieron a Sulmy. Todo le resultaba repentino, a pesar
de eso, nada le era más importante que responder todas sus
preguntas y por fin sacarse esas dudas que tanto le aquejaban.
—Llegaremos al anochecer, al mediodía descansaremos bajo
la sombra y comeremos un poco —Le comentó.
El sol irradiaba sobre sus cabezas, era mediodía. Xinux
decidió descansar. Bajo la sombra de un enorme árbol, tum-
baron sus cuerpos, y mientras comían, empezó a relatar:
—Los Amamols6
son figuras legendarias, muy respetadas por
los habitantes de Yahannat, porque fueron los defensores a
nuestros pueblos de las guerras y ahora yacen como árboles
inmóviles que nos brindan su sombra. Dicen que no existe
ninguno en pie, y que si los hay se refugiaron en el pantano.
Ningún mago quiere entrar a ese lugar, es un misterio… Tal
vez eso los llevó a huir ahí. Los Amamols y los humanos
vivían en comunión, pero Naeris7 ha terminado con ellos, y
-----------quiere terminar con todo. Por eso en Yahannat no tropezarás
con duendes ni hadas ni unicornios. Incluso hablan que han
matado a todos los dragones, pero lo sé, lo presiento, eso no
es así.
—¿Cómo lo sabes?
—Él busca la reliquia de un dragón.
—¿Quién es Naeris, y que busca?
—Es un mago ruin, no sé qué busca o qué gana con todo
esto. Aunque digan lo contrario, queda algún dragón. No lo
ha encontrado, averiguaré cuál es ese tesoro que desea obtener.
—Puedes contar conmigo. —Le aseguró y luego curiosa
preguntó: — ¿Naeris es un...?
—Mago. —Terminó. —Es uno de los magos más poderosos y
el más maligno de todos.
Ámbar pensó y sondeó:
—¿Todos los magos son malvados?
—Sí, lo son. Los odio, han matado a mis padres y persiguen a
todos los de mi raza. Todo mi pueblo ha sufrido por culpa de
esa inmundicia ¡Asquerosos sanguinarios!
—¿Por qué odian a los humanos?
—¿Humanos? Yo soy un... —La voz de Xinux fue interrumpida
por un ruido tras los arbustos.
Alarmado desenvainó su espada, esperó atento que apa-
rezca frente a ellos quien se mantenía oculto. Minutos después,
tras los arbustos salió un pequeño y adorable gatito color pardo.
Ámbar al verlo se emocionó, era tan simpático y al parecer
le agradaba al pequeño, pues empezó a ronronear mientras
rosaba su pierna. Sin dudarlo, tomó al animalito entre sus bra-
zos y lo acarició.
—¡Es tan bonito!—. Expresó contentísima Ámbar. —¿Qué
hace acá tan solito? —Murmuró.
—Si deseas, puede acompañarnos.
—¡Me encanta! Debo ponerle un nombre...—. Detrás de un
breve silencio exclamó: —¡Pardy! Porque es color pardo y es
chiquita...
—Muy lindo nombre—. Halagó y cambió la charla de forma
repentina. —Debemos continuar el viaje, así podremos llegar
antes del anochecer—.
Juntaron las cosas y Ámbar llevó entre sus brazos al pequeño
gatito. El sol pegaba fuerte, pero los resguardó la sombra de
una gran arboleda de Amamols. Ámbar emocionada por la
inmensidad de esos árboles, sus marcas de espadas y otras
armas hundidas en su corteza, signo de lucha. Su sombra y
aire tan puro, le transmitía paz. Observó con atención todo
el paisaje, los pájaros y animales exóticos. Deslumbrada por
aquella historia de que alguna vez fueron guerreros, imaginaba
tener la oportunidad de verlos, de comprenderlos, su imagi-
nación la atrapó.
Para Xinux el viaje fue muy largo, miraba distraídamente el
camino disimulando no observar a Ámbar, aunque ella no lo
notaba. Antes de que ella pudiera darse cuenta el sol se ponía y la oscuridad se acercaba.
—Estamos llegando—. Anunció Xinux.
Ámbar no respondió, lo miró y asintió, luego volteó, delante
de ellos una montaña muy grande les cortaba el paso.
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Mi Lady: Modo de referirse a las doncellas por aprecio o por su rango en la sociedad.
Merry Jeims: El mago más anciano de Unamilum era nombrado Merry, sacando su nombre real y solo conservando su apellido. Era una muestra de júbilo y respeto de otros hacia él, pues era quién conservaba más sabiduría dentro de su raza.
Sulmy: Persona encargada de cuidar el bienestar Xinux desde que quedó huérfano.
Rañum: Comida utilizada en Unamilum para viajar o combatir guerras, pues se conserva muy bien en cualquier temperatura y dura varias semanas sin perder su textura ni su sabor.
Amamols: Árbol perennifolio, de hojas palminervias color verde enebro. Altura más de 100 metros. Tronco de 4-5 metros de diámetro, fuste recto, copa amplia y globosa luego de los tres metros de altura. Corteza grisácea oscura y rugosa. Raíces gruesas y sobresaliente a la tierra.
Naeris: Mago que alcanzó el poder luego de derrocar al reinado, legado tras generaciones
Los narcisos y los alelís: Proclaman la llegada próxima a la primavera, pues son algunas de las que florecen antes que las demás flores, a finales del invierno.
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SIGUIENTE CAPITULO: CAPITULO II
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