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jueves, 9 de abril de 2015

CAPITULO I : Yahannat, reino de los humanos.

CAPITULO I

Yahannat “
Reino de los humanos”








<< Querida Ámbar:

 Mi lady, el tiempo ha pasado, es hora de cumplir tu destino.

 Te espero mañana al amanecer, en el faro de Querandí.

Sir Merry>>

Los incesantes pasos resonaban en las escaleras a

gran velocidad en el faro. Una adolescente sube sin

descanso los incalculables escalones, a una cima que

aparenta no tener. La luz del sol ilumina su cabello largo y

oscuro, resaltando sus ojos de un color azul ártico. Llevaba

puesto un jeans, una remera y unas cómodas zapatillas.

Mientras sube incansable por las escaleras, recuerda aquella

misteriosa carta, causal de la salida de su hogar con los primeros

rayos del sol. Como un interminable eco, su mente repetía una

y otra vez aquellas palabras, despertando inquietud y temor

por quién le esperaba en lo alto.

 La joven perdió la noción del tiempo y hasta la debilidad de

la carne. Inmersa en su infinita ascendencia con la esperanza

de chocar más que con el anónimo, sino con la respuesta a su

naturaleza extraña. Sus recuerdos borrosos y casi nulos de su

vivencia la desesperaban. Sus sueños la atormentaban, sentía

que renacía una y otra vez, y despertaba fuera de su realidad.

 Un rojo intenso tiñó lentamente el cielo, y a medida que la

oscuridad se apoderó de aquel claro día, el sensor de las luces

en el faro las encendía en cadena hasta llegar a la muchacha,

jugándole una carrera.

—¿Quién es Merry? ¿Verdaderamente podría mostrarme sobre

mi pasado? ¿Estaré haciendo lo correcto yendo al encuentro de

un extraño?—.

Tratando de alejar de su mente sus inquietudes, notó que

la noche se había hecho presente y aquel bello amanecer hace

horas había desaparecido. Desconcertada y aturdida por no

entender lo que estaba pasando, cerró los ojos y trató de tran-

quilizarse. Respiró profundo e intentó convencer a la razón

que el cansancio la hacía alucinar. Al abrirlos, se admiró,

aún más, al encontrarse parada en la cima del faro y no en

las escaleras. Era de noche, el cielo iluminado, incontables

estrellas. Sin entender como pudo pasar, todo un día subiendo

por aquellas escaleras, sin descanso, sin comer, sin beber agua.

Su pensamiento se interrumpió al escuchar unos pasos. Miró

alrededor y localizó a un hombre de edad avanzada, de

cabellos y barbas largas y blancas. Medía alrededor de 1,90

metros. Vestía una túnica gris con detalles rojos y en su mano

sostenía un gran báculo. Sin voltear, y con su mirada hacia el

mar, pronunció:

—Has llegado justo a tiempo. Es bueno verla nuevamente,

parece que el tiempo ha pasado tanto para ti como para mí,

Ámbar—.

—¿Quién eres? ¿Cómo sabes mi nombre? ¿Para qué me

quieres?—.

—No desesperes, ten paciencia y escucha, en el viaje encon-

trarás las respuestas—.

—¿Cuál viaje?—. Interrogó.

—Comenzaré desde el principio, claro, si Mi Lady2

 me lo

permite—. Le respondió. Ámbar creyó que se había enojado y

rápidamente agachó la cabeza avergonzada, en muestra de que no lo interrumpiría. —Me llamo Merry Jeims3

 , ya me conoces,

pero no lo recuerdas. Habrá tiempo para eso. Ahora escucha:

Irás a Yahannat, “El reino de los humanos”, donde te encontrarás

con un viejo amigo a quien adoras: Xinux Warpp. No preguntes

nada, guarda silencio y sé paciente—.

 Luego de una breve pausa continuó:

—Esta es vuestra oportunidad para conocer todo lo que

ansías y no debes de perderla—.

 Ámbar permaneció en silencio, siguiendo las indicaciones

que Merry Jeims le daba. Todo le era tan extraño.

—Ya es hora —. Continuó. —No te asustes, todo lo que verás y

vivirás es real, no es un sueño ni mucho menos una pesadilla—.

 Dicho esto, se acercó a ella balbuceando palabras que no

logró entender. Ella retrocedió lentamente, y sin oportunidad

de reacción, él la empujó con el báculo. Se desplomó, pero el

suelo había desaparecido, caía dentro del faro a gran velocidad.

Las escaleras se desdibujaban por la velocidad, encontrando a

su alrededor una profunda oscuridad. El miedo se apoderó de

ella y cerró los ojos con fuerza.

 Poco después, sintió llegar al fondo, creyendo raramente

que era su fin. El suelo donde yacía su cuerpo, era húmedo y

blando. Con temor, abrió sus ojos, no podría ni imaginar con

que se toparía ahora. Todo era aún más excepcional. Sin rastros

del faro, un jardín lleno de flores de mil colores la rodeaba.

Inmóvil, contempló el cielo, era un día espléndido.

Sobresaltada, sentó su cuerpo en el césped al notar la pre-

sencia de alguien más. A su lado, un hombre vestido de guerrero

la observaba con una sonrisa amable y alegre. Vestía prendas de colores azules, con un escudo de león con dos espadas a la

altura del corazón. A un costado llevaba una espada. La mitad

de sus cabellos dorados cubrían parte de su rostro y la otra mitad

descansaba tras sus orejas levemente puntiagudas. Sus ojos eran

verdes y su sonrisa tan apacible como ese cielo azul celeste.

Una emoción inexplicable ocurrió cuando cruzaron miradas.

Sintió paz, la cual no pensó tener en ese ambiente tan extraño,

aunque lo más importante o extraño era lo familiar que todo

le resultaba. Ambos mantuvieron la mirada como si se cono-

cieran de toda la vida, pero ella no tenía idea de quién era.

Sólo las flores se movían danzando a causa de una suave brisa

que las acariciaba, y las infinitas y coloridas mariposas que

revoloteaban por doquier, tal fuera un paraíso.

—¡Qué bueno verla, Ámbar! Realmente la he extrañado

mucho, Mi Lady—. Comentó mientras se acercaba a ella y le

extendía la mano para ayudarla.

—Quisiera decir lo mismo, pero realmente ni sé dónde es-

toy—. Le respondió mientras se levantaba.

—Xinux Warpp, a vuestro servicio. Merry me informó que

no recuerdas nada, que poco a poco volverá vuestra memoria.

Lo lamento mucho. Cambiando de tema, estamos en Samoll,

pueblo de Yahannat, “Reino de los humanos”. Seguro tienes

hambre. Ven a mi cabaña, os daré de comer—.

—Sólo si no es mucha molestia—.

—Claro que no. —Sonrió, y ella se sintió cautivada por su

hermosa sonrisa. —¡Ven conmigo, Mi Lady! Ese es mi hogar—.

Enunció mientras señalaba una enorme cabaña. —En casa

nos encontraremos con Sulmy

 que preparará un almuerzo para  deleitarnos, posteriormente os brindaré una habitación para

que descanses. Por cierto, ella conocía de ti antes que os

marcharas—.

 Al entrar a la cabaña sintió la brisa fresca entrar por un gran

ventanal. Xinux le indicó el comedor y ella pasó.

—Toma asiento, Mi Lady, por favor—. Pidió aquella señora

de baja estatura, de piel arrugada y mirada tierna.

—Tal vez no me recuerdas porque eras muy niña, pero yo

antes me ocupaba de ti—. Comentó mientras le servía unas

especies de galleta con un jugo. —Este era vuestro desayuno

preferido. Espero que aún lo sea.

—Muchas gracias. Huele muy bien— halagó mientras esperaba

que Xinux también tenga su vaso lleno y su plato de galletas.

 Relojeó el lugar, con su corazón acongojado y su mente

nublada, llena de penumbras.

—Es Rañum5, son hechas de un maná que proviene de las

noches en los valles. Solíamos estar siempre en movimiento,

así que nuestras comidas solían ser a base de esto.

—Saben deliciosas—. Sonrió.

—¿Cómo os sientes, Mi Lady?—.

—Bien, creo… Quisiera saber realmente en dónde estoy,

quisiera acordarme, como tú dices, pero… me siento muy rara

aquí…—.

—Mi lady, quisiera que no te sintieses mal. Ten paciencia, ya

llegará el momento en el cual recuerdes todo—. Tranquilizó.

—Mañana al amanecer nos pondremos en marcha, y podríamos visitar vuestro sitio favorito, así tal vez logres recordar.

Claro que tendríamos que desviarnos un poco de nuestro

recorrido.

—¿Dónde iremos?—.

—Merry me ha indicado que debo llevarte hasta “El Castillo

de Yahannat”, en donde encontraremos las demás indicaciones.

No quiero decirte mucho, no quiero confundirte con historias.

Hay demasiados rumores, que sólo son eso, rumores.

—Entiendo—.

 Mientras deleitaban los alimentos Xinux comentó la rela-

ción que presentaba con Sulmy. A pesar de ser cedida como

sirvienta desde sus superiores, ella era parte de su familia, no

la trataba como a una esclava. No omitió mencionar que en su

reino había cambiado, aunque muy poco, la relación con sus

siervos. La gente con dinero y poder trataba mejor a los que

los servían, respetando sus religiones o su tiempo de calidad

con sus familias. No obstante, en muchos reinos, cabe recalcar,

ser campesino era sinónimo de ser algo así como un esclavo.

 Amanecía cuando Ámbar despertó sobresaltada, sentía

haber despertado de un largo sueño, pero no, todo era real.

Abrió los ojos y levantó su cuerpo de inmediato, tratando de

recordar cómo había llegado allí. Se acercó a una ventana y

al mirar tras ella recuerdos de una tormenta se reproducían

en su mente. «Un cielo gris. Una cabaña. Sulmy gritando y

corriendo hacia una niña. Un hombre borroso en la puerta.

Llovía a cántaros. Oía los truenos y relámpagos. Un trueno

sonó tan fuerte y tan real que la asustó, retrocedió y cayó de

espaldas». Tras el impacto desaparecieron aquellas imágenes

y sonidos. Poco después llegó Xinux a la habitación, corrió

impresionado por el ruido de su caída.

—¿Mi Lady, te has lastimado?—.

—No te preocupes, sólo ha sido mi torpeza—.

—Ten cuidado, no quisiera que te lastimes—. Le confesó y

agregó: —En minutos estará el desayuno. Alístate y luego

baja. En el placar hay un bolso que trajo Merry, seguramente

de vuestra precedencia. Elije varios vestidos de los que están

ahí y cárgalos en él. Ponte el que más te guste. Todo lo que

está en esta habitación es vuestro, son mi obsequio para ti y

mi forma de demostrarte cuanto te he extrañado, Ámbar—.

—Gracias—. Expresó sin más palabras para decir.

—Cuando estés lista, baja con el bolso porque nos iremos a

Ifany—.


 Xinux marchó, ella sintió curiosidad y ojeó el placar, mara-

villada al ver tantos vestidos, revolvió los cajones y abrió cada

una de sus puertas. Halló varias cosas de su agrado, las cuales

guardó con las que había dentro del bolso. Vistió un hermoso

vestido de seda blanco, como las sandalias que escogió para

ponerse, entre la gran variedad. Las zapatillas que traía puestas,

el jean y la remera los dejó dentro del bolso, en uno de los

costados, separados de lo demás. Al estar lista, posteriormente

de cepillar su largo cabello, bajó y se dirigió al comedor.

Caminó distraída, pensó cómo sería su nueva vida, o “descu-

bierta vieja vida”, y chocó con Xinux en el pasillo.

—Estás hermosa—. Sonrió y luego prosiguió: —Pasa al comedor,

Sulmy servirá la mesa. Mientras podríamos hablar de vuestra

vida allá en…—. Quedó en silencio unos segundos, tratando

de recordar, pero al fin agregó: —Ese mundo donde viviste

siete años de vuestra vida—.

 Ella asintió con un leve moviendo con su cabeza como

confundida, mirando desvariadamente para todos lados. En

segundos se ubicó en una de las sillas del comedor, Xinux la

imitó.

—Ahora bien, cuéntame—.

—No sé lo que ocurre, no puedo recordar nada de antes de

llegar aquí. ¿Qué me sucede?—.

—Será tal vez el portal. Al atravesar mundos diferentes produce

una pérdida de memoria temporal. No te preocupes, seguro con

el tiempo lograrás recordar—.

 En ese momento su cara cambió, su gesto demostraba temor.

Xinux creyó en la posibilidad de la vuelta de su memoria e

indagó:

—Ámbar, ¿Estás bien?— Al no obtener respuesta, insistió.

—¡Respóndeme, Ámbar!—.

—Discúlpame—. Pronunció al volver en sí. Había recordado

algunas imágenes fugaces de su pasado, pero lo suficiente-

mente breves como para no lograr entenderlas.

—¿Cuéntame, Mi Lady?—.

—Sólo pensaba—. Aseguró, pero intrigada inquirió: —Me

gustaría que me cuentes de antes, de mi familia, ¿Quiénes

fueron mis padres?—.

 Ante el interrogatorio, quedó boquiabierto. Ámbar insistió.

—¿Quiénes fueron mis padres? ¿Tengo familia?—.

—Ha pasado mucho tiempo, lo único que puedo decirte es

que vuestros padres fallecieron. Un vago recuerdo vuelve a

mí en algunos momentos, no sé si será parte de sueños o de la

realidad… Te voy a pedir un favor, no me preguntes nada,

espera hasta que lleguemos a Ifany y hablemos con Kapa-

na—. Manifestó complicado.

—¿Es posible conseguir una respuesta?—.

—No puedo prometerlo. Pero lo más probable es que lo hagas

durante tu estadía en tus tierras. Lo único que sé y te puedo

decir, es que vuestros padres fueron unas personas muy impor-

tantes para Yahannat y todo Unamilum. Debes de sentirte

muy orgullosa de ellos. ¿Me entiendes?—.

—Sí, discúlpame. La angustia de saber al fin mi origen me

asfixia. Siento la necesidad de encontrar respuestas…

—Aquí tienen vuestro desayuno preferido, jugo de naranja,

huevos y Rañum—.

—Rañum—. Repitió Ámbar entusiasmada.

—Sabía que te gustaría. Lo sé porque era nuestro desayuno

preferido—.

 Ámbar comió tranquilamente, no podía negar que la comida

sabía exquisita. Al terminar el desayuno, juntaron el equipaje

y despidieron a Sulmy. Todo le resultaba repentino, a pesar

de eso, nada le era más importante que responder todas sus

preguntas y por fin sacarse esas dudas que tanto le aquejaban.

—Llegaremos al anochecer, al mediodía descansaremos bajo

la sombra y comeremos un poco —Le comentó.

 El sol irradiaba sobre sus cabezas, era mediodía. Xinux

decidió descansar. Bajo la sombra de un enorme árbol, tum-

baron sus cuerpos, y mientras comían, empezó a relatar:

—Los Amamols6

 son figuras legendarias, muy respetadas por

los habitantes de Yahannat, porque fueron los defensores a

nuestros pueblos de las guerras y ahora yacen como árboles

inmóviles que nos brindan su sombra. Dicen que no existe

ninguno en pie, y que si los hay se refugiaron en el pantano.

Ningún mago quiere entrar a ese lugar, es un misterio… Tal

vez eso los llevó a huir ahí. Los Amamols y los humanos

vivían en comunión, pero Naeris7 ha terminado con ellos, y


-----------quiere terminar con todo. Por eso en Yahannat no tropezarás 

con duendes ni hadas ni unicornios. Incluso hablan que han 

matado a todos los dragones, pero lo sé, lo presiento, eso no 

es así.

—¿Cómo lo sabes?

—Él busca la reliquia de un dragón.

—¿Quién es Naeris, y que busca?

—Es un mago ruin, no sé qué busca o qué gana con todo 

esto. Aunque digan lo contrario, queda algún dragón. No lo 

ha encontrado, averiguaré cuál es ese tesoro que desea obtener.

—Puedes contar conmigo. —Le aseguró y luego curiosa 

preguntó: — ¿Naeris es un...?

—Mago. —Terminó. —Es uno de los magos más poderosos y 

el más maligno de todos.

 Ámbar pensó y sondeó:

—¿Todos los magos son malvados?

—Sí, lo son. Los odio, han matado a mis padres y persiguen a 

todos los de mi raza. Todo mi pueblo ha sufrido por culpa de 

esa inmundicia ¡Asquerosos sanguinarios!

—¿Por qué odian a los humanos?

—¿Humanos? Yo soy un... —La voz de Xinux fue interrumpida

por un ruido tras los arbustos.

 Alarmado desenvainó su espada, esperó atento que apa-

rezca frente a ellos quien se mantenía oculto. Minutos después,

tras los arbustos salió un pequeño y adorable gatito color pardo. 

Ámbar al verlo se emocionó, era tan simpático y al parecer 

le agradaba al pequeño, pues empezó a ronronear mientras

rosaba su pierna. Sin dudarlo, tomó al animalito entre sus bra-

zos y lo acarició.

—¡Es tan bonito!—. Expresó contentísima Ámbar. —¿Qué 

hace acá tan solito? —Murmuró.

—Si deseas, puede acompañarnos.

—¡Me encanta! Debo ponerle un nombre...—. Detrás de un

breve silencio exclamó: —¡Pardy! Porque es color pardo y es

chiquita...

—Muy lindo nombre—. Halagó y cambió la charla de forma

repentina. —Debemos continuar el viaje, así podremos llegar

antes del anochecer—.

 Juntaron las cosas y Ámbar llevó entre sus brazos al pequeño

gatito. El sol pegaba fuerte, pero los resguardó la sombra de

una gran arboleda de Amamols. Ámbar emocionada por la

inmensidad de esos árboles, sus marcas de espadas y otras

armas hundidas en su corteza, signo de lucha. Su sombra y

aire tan puro, le transmitía paz. Observó con atención todo

el paisaje, los pájaros y animales exóticos. Deslumbrada por

aquella historia de que alguna vez fueron guerreros, imaginaba

tener la oportunidad de verlos, de comprenderlos, su imagi-

nación la atrapó.

 Para Xinux el viaje fue muy largo, miraba distraídamente el

camino disimulando no observar a Ámbar, aunque ella no lo

notaba. Antes de que ella pudiera darse cuenta el sol se ponía y la oscuridad se acercaba.

—Estamos llegando—. Anunció Xinux.

 Ámbar no respondió, lo miró y asintió, luego volteó, delante

de ellos una montaña muy grande les cortaba el paso.



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Mi Lady: Modo de referirse a las doncellas por aprecio o por su rango en la sociedad.


Merry Jeims: El mago más anciano de Unamilum era nombrado Merry, sacando su nombre real y solo conservando su apellido. Era una muestra de júbilo y respeto de otros hacia él, pues era quién conservaba más sabiduría dentro de su raza.


Sulmy: Persona encargada de cuidar el bienestar Xinux desde que quedó huérfano.


Rañum: Comida utilizada en Unamilum para viajar o combatir guerras, pues se conserva muy bien en cualquier temperatura y dura varias semanas sin perder su textura ni su sabor.


Amamols: Árbol perennifolio, de hojas palminervias color verde enebro. Altura más de 100 metros. Tronco de 4-5 metros de diámetro, fuste recto, copa amplia y globosa luego de los tres metros de altura. Corteza grisácea oscura y rugosa. Raíces gruesas y sobresaliente a la tierra.


Naeris: Mago que alcanzó el poder luego de derrocar al reinado, legado tras generaciones

Los narcisos y los alelís: Proclaman la llegada próxima a la primavera, pues son algunas de las que florecen antes que las demás flores, a finales del invierno.

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SIGUIENTE CAPITULO: CAPITULO II


Ilustraciones: 
Dentro del texto: Debora Labrin - Instagram: Debora Labrin
Finalizando: Nelson Fuentes: Instagram: Nelson fuentes:


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