Kapanna
Una cueva oscura sobresalía de las montañas. Ámbar comprendió que su travesía continuaba dentro de la misma.
—No te asustes—. Bromeó Xinux mientras se acercaba a un costado de la entrada.
Sujetó una rama a orillas de la cueva y la
jaló hacia abajo, provocó, de forma inesperada para Ámbar, que antorchas
encendieran e iluminaran el terreno.
—Ahora acompáñame, tenemos que hablar con Kapana—.
Ámbar, a la par de Xinux, entró en la
cueva y a pocos metros toparon con un desvió. Él desorientado trató de tomar
las riendas en el asunto, decidió ir a la derecha cuando escuchó la voz de
Ámbar.
—¡Pardy! ¿Dónde vas?—.
—¿Qué ha pasado?—. Consultó.
—Nada, es sólo Pardy que tomo el otro camino y
tengo que ir a buscarlo—.
—Así lo haremos, Mi Lady. Iremos los dos—.
A pocos metros de distancia encontraron a
Pardy.
—Parece que quiere que lo sigamos—.
—Lo seguiremos entonces—. Le contestó y pensó: —¿Qué
querrá mostrarnos este gracioso gatito?¿Sabrá dónde encontrar a Kapana?—.
Ambos corrieron tras Pardy.
—Parece que estamos cerca, escucho una voz a poca
distancia—.
—Yo también la escucho, Xinux—.
Xinux la miró asombrado y cálidamente le
respondió con una sonrisa. Era la primera vez, desde que había vuelto, que lo
llamó por su nombre. Lo invadió la felicidad, la idea de que todo pueda volver
a ser como antes le daba alegría.
—¡Deteneros!—. Exclamó una voz, mientras Pardy
desaparecía tras una puerta.
—¿A dónde creéis ir?—.
—Queríamos reunirnos con Kapana—.
—¿Quiénes son vosotros?— Intimó aquella voz masculina,
su cuerpo, desdibujado por la oscuridad, ocupaba en un rincón del pasillo.
—¡Déjalos en paz, Misap!—. Reclamó una voz femenina.
Luego refiriéndose ellos aseguró: —Los estaba esperando. ¡Pasad por aquí!—.
Aquella mujer se veía muy joven, sus ojos eran
dorados, su nariz griega y su pelo largo y voluminoso estaba algo alborotado.
Ella señaló una puerta y ellos entraron.
Una habitación sombría era iluminada por cientas de diminutas velas blancas.
Sobre la mesa, una fuente de agua oscura, negra como el petróleo, y como
aquellas paredes que la rodeaban y daban al ambiente tenebrosidad.
—¡Sentaos!—. Ordenó amablemente, ofreciéndoles dos
sillas enfrente de aquella mesa. —Ahora veras—. Advirtió al verlos ubicados en
las sillas. —Soy Kapana. Sé lo que queréis pero poco puedo hacer por vosotros. A
mí pesar, hay cosas que ni yo soy capaz de develar, es muy fuerte el futuro que
depara vuestras vidas—.
—¿A qué te refieres?—.
—Ya lo veréis. Primero, Ámbar, mira atentamente el
agua de la fuente que está aquí. –Expuso apuntando la fuente. —Ahora, no
apartes vuestros ojos de allí, hasta que te ordene. ¿Entiendes?—.
—Sí. –Afirmó temblorosa—.
—Xinux aléjate un poco de la mesa, colócate cerca
de la pared, ten cuidado con la velas.
Ámbar no apartaba la vista de su reflejo
en el agua, y comenzó a ver imágenes. Entre ellas vio una gran montaña, se vio
escalándola, cuando de repente Kapana da un golpe al agua con fuerzas,
salpicando sus ojos. Ámbar no pudo evitar cerrarlos ni alejarse de la fuente,
sus ojos le ardían.
—Ahora podéis cerrar los ojos, toma, sécate—.
Ella tomó aquella toalla que le extendió y
secó su rostro. Xinux asustado pensó que algo malo había pasado, y cuando iba a
acercarse Kapana indicó:
—¡Detente! A ella no le pasa nada, la he curado de
un hechizo. Ahora no está más ciega—.
—¿Ciega?—. Replicó: —Ella no estaba ciega—.
—En su momento, sabréis a que me refiero—. Contestó.
—Ella necesita recuperar su vista, su visión.
Ámbar escuchaba la conversación, pero no
entendía lo que decían. Sus ojos ardían y no lograba abrirlos.
—¡Abridlos ahora!—. Ordenó.
—Pero no pue…—. Antes de terminar de confesar la
dificultad que tenía para abrirlos, lo hizo. Instantáneamente el ardor
desapareció.
—Ahora estás lista. Quisiera hablar con Ámbar a
solas, luego hablaré contigo—.
—Entendido, esperaré fuera—.
Una vez que estuvieron a sola, Ámbar no
dudó en lanzar sus dudas.
—Me dijo Xinux que usted podía hablarme de mi pasado—.
—Xinux dijo la verdad, yo sé de vuestros padres,
pero te contaré lo que quiero que sepas. Hace dieciocho años había una pelea
entre las razas en Unamilum, por culpa de una pareja estalló una gran guerra.
Aquellos rompieron las reglas, eran de razas diferentes y estaba prohibido. La
mujer maga y el hombre común se escaparon y tuvieron un hijo, al que un profeta
anunció como la salvación. Un poderoso mago deseaba a aquella mujer maga y juró
vengarse por su desprecio. Su plan, asesinar al maldito que se la robó y a ese
bastardo, como él los llamaba. Aquella pareja fue muerta por él y por su
ejército, pero la criatura se salvó inexplicablemente. El maligno mago lo buscó
durante 10 años, y cuando al fin lo había encontrado lo mandó a matar. Para su
mala suerte, logró huir anunciada por un mago, de color blanco, y aquel mago,
de color negro, no ha logrado encontrar. Ahora sabe que el tiempo ha llegado,
que la profecía se va a cumplir, y no podrá huir de él, no hay más opción que
luchar—.
Confusa por aquellas palabras sin más que
decir exclamó:
—¿Y de mis padres que puedes decirme?—.
—Escucha Ámbar, debes de encontrar el rubí que
encierra el alma de vuestra madre, ella te necesita y sé que al encontrar eso,
ella misma podrá decirte que hacer—.
—¿Y dónde puedo encontrar ese rubí?—.
— Lo encontrarás en Janas, pero no sé más, sólo
vos podes encontrarlo. Se hace tarde, debes irte—. Anunció. —Sal y avisa a
Xinux que entre—.
Así lo hizo. Cuando Xinux estuvo frente a
Kapana, ella se expuso sin vueltas:
—Xinux, no puedo decirte de vuestro pasado, pues lo
sabes, aunque presentas una amnesia por no querer recordar. Tampoco puedo
decirte mucho de vuestro futuro, porque es muy impredecible, depende mucho de
tus cambio de decisiones. Sólo te digo que hagas caso a vuestro corazón y
controla sólo algunos impulsos, los cuales te ayudaran. Sabrás que hacer, pero
ten cuidado, hay muchas personas que te traicionarán y depende de ti
desenmascararlas. Cuida de Ámbar, ella es muy valiosa para Unamilum, ya
recordarás por qué—.
—¿A qué te refieres?—.
—Ya lo sabrás, por lo pronto dirigiros a Janas y
luego debéis ir al Reino de Yahannat, eso es lo único que puedo decir por
ahora. Tendréis mi ayuda para descubrir el secreto que yo no tengo derecho a
contar. ¡Suerte! Marchad ahora, la luz del sol os ayudará—.
Xinux marchó y encontró a Ámbar dormida,
sentada al lado de la puerta. La despertó y casi arrastrándola la llevó de la
mano hacia fuera. Pardy, que había desaparecido durante un tiempo, los seguía
rápida y silenciosamente detrás. Al salir de la cueva, Ámbar notó la presencia
de su mascota, lo esperó y lo tomó en sus brazos con cariño. Todo aún estaba oscuro,
pero a lo lejos, por el este, el cielo empezaba a aclararse. La oscuridad era
arrasada lentamente por los rayos del sol, pero aún millones de luciérnagas
volaban por doquier perdiéndose entre los arbustos.
—Luego de visitar Janas, iremos a una cabaña.
Trata de no creer siempre en los demás. Veras que sólo los que te quieren y
aman estarán allí cuando estés en peligro—.
El rostro de Xinux estaba extraño, Ámbar
sintió un estremecimiento. Pensó en eso, ¿Por qué la advertía de no confiar en
los demás? ¿A qué peligros se refería?
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