Capítulo
IV
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Á
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mbar despertó en un camino marcado de flores de mil colores.
Gigantes mariposas revoloteaban todo el lugar. Burbujas de cristal levitaban a
su alrededor. Podía divisar muy cerca una cascada de aguas claras y animalitos
y aves por doquier. Todo aparentaba ser un sueño, llegó a pensar que ya nada le
sorprendía, la realidad se había deformado mucho desde que había llegado allí.
Una mujer a orilla del arroyo, cantaba. Vestía una túnica
blanca, sus cabellos eran rojo carmesí y su voz era dulce.
Ámbar camino unos pasos por aquel camino, la mujer se
levantó y dándose vuelta exclamó con dulzura:
—¡Hija!—.
Sus ojos azules flecharon aquellos similares ojos
misteriosos. No podía pronunciar palabra, sólo observarla detenidamente.
—Hija,
¿No me recuerdas?—.
—¿Mamá? ¿Eres tú?—.
—Acércate hija, quiero abrazarte—.
Casi corriendo la abrazó fuertemente, atónita pero llena de
un regocijante sentimiento.
—No llores hija—. Rogó descubriendo su
llanto. —Tengo pocas fuerzas y tiempo—.
—¿Por qué madre? ¿Dónde debes irte?
¿Volverás a dejarme?—.
—Hija, yo ya no pertenezco al reino de los
vivos, mi lugar esta donde vuestro padre y si no regreso pronto jamás podré
atravesar el portal. Por eso he gastado muchas fuerzas para traerte hasta aquí,
pero no era suficiente por eso necesitaba vuestro poder. Te has debilitado
tanto, pero es hora de regresar. Bien muchachita, hija mía, debes de buscar las
piezas del rubí, no debes rendirte, que nada ni nadie te aterre y que nada
pueda llegar a sorprenderte. Te espera un largo viaje lleno de aventuras, las
cuales nadie quiere descifrarte, y por esa misma razón no confíes en nadie—.
—Mamá yo quiero ayudarte pero...—.
—Calla, no digas nada pequeña, tienes que
descubrir que eres más de lo que demostras. Descubrirás que eres poderosa, que
sos inteligente e ingeniosa. No debes fallarme, no hagas que sienta que me
equivoque. Recuerda tienes sangre Trofiriuss y Hannat, honra nuestra sangre
hija...—. Su voz se fue apagando y su imagen desdibujando en el viento, Ámbar
desesperada quería impedirlo.
—Mamá, ¿Dónde vas? no me dejes...—.
***
—¡No me dejes!—. Despertó gritando Ámbar.
—Calma Ámbar, estoy aquí—. Tranquilizó
Xinux.
Los ojos de Ámbar abrieron de golpe, no sabía dónde se
hallaba. Su mirada cruzó con Xinux, quien espera a su lado que despertara.
—¿Dónde estamos? ¿Qué sucedió?—. Interrogó,
mirando a su alrededor.
—Estamos en el reino Zelash, un carruaje
nos trajo hasta aquí, en el reino de Samoll no había quién pueda ayudarnos.
Unas personas amables se ofrecieron a traernos. Está todo en orden—. Tranquilizó.
—¿Y Pardy? ¿Y el bolso? ¿Dónde están?—.
—Calma, están aquí, también los traigo.
Tienes que seguir descansando, te has dado un golpe muy fuerte en la cabeza
cuando te desmayaste—.
—¿Me desmaye? ¿Por qué?—.
—Porqué estabas volando de fiebre
jovencita—. Exclamó un hombre entrando a la habitación. —No os preocupes,
estarás bien, sólo es un ligero golpe en la cabeza—. Xinux lo miró, a él no le
parecía tan sólo un ligero golpe.
—Eso
explica el dolor—. Murmuró sujetándose la cabeza.
—Debo irme, si me necesitas, avísame—.
—¿Cuánto tiempo he estado inconsciente,
Xinux?—.
Él no contestó.
—Dime, ¿Cuánto tiempo he estado así?
Contéstame por favor, sé sinceró—.
—Está bien, te diré, no te alteres. Hace
ya más de dos semanas—.
—¿Cómo?—.
—Sí Ámbar, temía lo peor, pensé que te
per... que te había pasado lo peor—. Aclaró, tratando de negar el miedo de
perderla. —Has recibido un gran golpe, por eso no reaccionabas. ¿No recuerdas
lo que paso?—.
—No, realmente no. Cuéntame—.
—Tenía razón—. Aseguró en voz baja. —Nada importante. Delirabas
por la fiebre. Decías cosas que aún no logre descifrar. Ahora bien—. Cambió de
de tema. —Descansa. Mañana al mediodía estaremos en la cabaña, luego iremos a
la Laguna Cristal, debes verla, es maravillosa. Pero tienes que prometerme que
comerás y descansarás—.
—Te lo prometo—.
Ámbar volvió a cerrar los ojos, recordando a su madre y
minutos después quedó dormida.
Nuevamente despertó, con su rostro cubierto de lágrimas,
todo había sido tan real. Más que antes, más que nunca debía continuar, ya no
era sólo la ilusión de conocer su pasado sino ahora había algo más importante,
su madre. Ahora ya no dudaba, ni temía, sabía que su madre estaba protegiéndola
y que tenía que defender su sangre, dando honor a su familia.
Amanecía y Xinux apareció silencioso en el cuarto.
—Buen día, mi lady. Al parecer estáis
mejor. Mira, Pardy al perecer también ha madrugado y se encuentra con muchas
energías—.
—Buen día, Xinux—. Saludó sonriendo. —Si,
ese travieso ha jugado con esa cortina durante horas... ¿Ya podemos irnos?—.
—Puedes vestirte, pero ante de marchar
debemos comer. Ya está lista, esperaré tras la puerta para conducirte al
comedor—.
—Gracias,
enseguida salgo—.
Dentro del bolso encontró pantalones de jean como los que
usaba en el otro mundo, hasta encontró unas remeras y un par de zapatillas.
Sabía que lo único que importaba era rescatar el alma de su madre. Rápidamente
se vistió y salió al encuentro de Xinux que lo esperaba tal y como había dicho.
—¡Come, Ámbar! Necesitas fuerzas—.
—Tienes razón, Xinux. El viaje es largo
hasta el Castillo del Reino Yahannat—.
—De pronto siento que tienes muchas ganas
de llegar a ese lugar—.
—Emma me comentó sobre el castillo
principal del reino, tengo un presentimiento que ese lugar me traerá alguna
respuesta—.
—¿Te sientes bien? Te siento rara…—.
—Mira—. Señaló
depositando sobre la mesa aquellos retratos que encontró en el cofre.
—¿Quiénes son?—.
—¿No lo recuerdas?—.
—No, francamente no se quiénes son, pero
me resultan conocidos. Creo haberlos visto alguna vez... ¿Pero dónde?— Indagó.
—Ella es mi madre, seguramente él es mi
padre—.
—¿Cómo sabes eso? ¿Por qué estás tan
segura?—.
—Xinux mientras estuve inconsciente soñé
con ella, no sé si fue un sueño porque fue tan real, pero me llamo hija. Debo
encontrar un objeto muy valioso para mí, pero no sé dónde encontrarlo, por
ahora esa es mi misión aquí. Tal vez así podré recordar, debemos ir al Castillo
Central—.
—Entonces, ¿Ya no iremos a la cabaña?—.
—Si iremos. Todo lugar donde pudo pisar mi
madre puede llevarme donde esta lo que ando buscando—.
Xinux tenía duda de que era eso tan preciado que buscaba,
pero supo que no era tiempo de preguntas sino que era hora de seguir su camino.
Juntaron sus cosas, cargaron a Pardy y marcharon.
—Xinux, cuéntame que paso mientras me
hallaba inconsciente—-
—Pues cuando te desmayaste, volabas de
fiebre y delirabas. Por suerte pasaba un carruaje y se ofreció a llevarnos al
pueblo más cercano. Queda justamente aquí, en Zelash. Los campesinos se encontraban
tan asustados como yo. Sos la persona más importante para mí y no resistiría
que algo malo te sucediera—. Tratando de cambiar el tono de la conversación, y
ocultar sus sentimientos agregó: —La fiebre era muy alta, tanto que
temíamos que llegarás a tener problemas o haya podido... pasar algo peor...—. Finalizó.
—¿Entiendes a que me refiero, verdad?—.
—Si, comprendo—.
—Dentro de estas dos largas semanas todo ha
cambiado en Yahannat, algo terrible. Pero nada comparado a lo que va a venir...—.
—No
entiendo, se más específico—.
—Unas tropas enemigas se apoderaron del
puerto de Samoll y se dirigen hacia El Castillo del Reino Yahannat. Van a
rastrillar todo el imperio humano buscando al heredero, matando a todos los
jóvenes entre 16 y 18 años—.
—¿Quiere decir que...?—.
—Si, lo sé. Pero obtendremos refugio en el
castillo del imperio, el Gran Banquete se realizará dentro de poco, seguro
llegaremos a tiempo para hospedarnos—.
—¿De dónde vienen esas tropas?—.
—De todos los reinos de Hannat, de otros
continentes. Son muchos para nosotros, la gente no tendrá más alternativa que
huir, debemos llegar antes que los ejércitos enemigos nos acorralen por el
norte. Tardarán más ya que el camino no los beneficia, pero no debemos
subestimarlos.
—Dime Xinux... ¿Qué es todo esto?
¡Guerras, magos, ejércitos, todo es tan diferente aquí...!—.
—Calmaos, mi lady. No os pasará nada
mientras estés a mí lado. Sé que es extraño y repentino todo esto, y ni la
gente de aquí se acostumbra a estas maldades que pasan en Unamilum, pero no
ganaras nada con los nervios—.
—Lo lamento,
tienes razón...—. Respiró profundo y trato de volver a la calma.
Al poco tiempo pudo serenó, la mano de Xinux sobre la suya
la hizo sonreír.
—Guardé tus ropas en tu bolso. ¡Ah! Encontré
a Pardy con esto... ¿Es tuyo?—. Remarcó alzando aquella bolsita de
cuero marrón.
—¡Sí!— Afirmó velozmente
tomándola entre sus manos.
—No he visto su contenido, no quisiera
invadir vuestra privacidad, sólo la guarde para que este a salvo. Ese gatito
travieso lo dejo bajo la cama—.
—Gracias, es algo muy preciado para mí—.
—¿Tan preciado como aquello que buscas?—.
—Sin esto no hay lo otro, sin lo otro no
hay un esto. Las dos me son tan importantes como necesarias. Las protegería a
dientes y uñas—.
—Yo la protegeré, pues mi misión es
protegerte pero más que una orden me parece un honor—.
—¿Protegerme? ¿De qué?—.
—Merry me ha pedido que te proteja de las
tropas, él sabía que invadirían Yahannat, Naeris no se rendirá hasta asesinar a
todos los de tu edad. No sé porque pero Merry te cree necesaria e
indispensable, no quiero decir que está mal que te proteja, pero creo que hay
algo más... Creo que ya me acuerdo...— Resaltó.
—¿Qué recuerdas, Xinux?—.
—Recuerdo aquel rostro. No me acuerdo su
nombre pero si su talento. Todo Yahannat hablaba de su gran habilidad con el
arco y la espada, especialmente en este último, habrá sido bueno con el arco,
pero nunca como un Elfo—.
—¿Un elfo?—. Pensó, luego triste exclamó:
—No logró recordarlos... No logro recordar a mi padre...—.
—No te pongas mal. Escucha, yo jamás
conocí a mi padre, ni se nada de él, mi madre me decía que había muerto, pero
nunca me contó cómo—.
—¿Ni en un retrato? –el negó con la
cabeza –Discúlpame, no pensé más que en mí, lo siento, lamento lo
de tu padre—.
Ambos quedaron en silencio, pronto habían llegado a aquella
tan nombrada cabaña. Al entrar notaron su abandono. Empolvado y lleno de
telarañas dormían los muebles hace mucho tiempo.
—Espérame, abriré las cortinas para que
puedas ver mejor por donde caminas—.
Al correr las cortinas, el lugar quedó iluminada.
—Pasa, Ámbar—.
Así lo hizo, recorrió curiosamente la habitación, hasta
encontrarse con una carta, que se hallaba sobre el escritorio, raramente
figuraba en remitente "ÁMBAR HANATH TROFIRIUSS". Al fin podía ver su
verdadero nombre completo.
—Mi supuesta tía me mintió...—.
—¿Cómo dices?—. Preguntó al no entender lo
que balbuceaba.
—La mujer con quien vivía me engaño, nunca
me dijo mi verdadero apellido, sólo eso dije. Me mintió—. Xinux la escuchaba
atentamente, cuando de pronto Ámbar calló, se empalideció y sus ojos empezaron
a tornarse amarillos dorado. Ninguna parte de su cuerpo se movía, parecía
petrificada.
Ámbar se hundió nuevamente en una visión. Podía verse de
niña paseando entre los muebles, corriendo feliz, jugando con alguien más.
Entre risas y corridas, podía sentir una inmensa alegría, desafortunadamente no
duró. Su visión cambió y pudo ver como Merry la acompañaba, alejándose de aquel
faro el cual jamás olvidaría. Tras un largo recorrido llegaron a una casa,
donde se encontraba una mujer muy dulce, la abrazo y la beso. Despertó en una
hermosa habitación y bajo las escaleras encontrándose con la ausencia de la
dulce mujer y ella la esperaba, la mujer que la crió.
—Hola
pequeña, yo soy tu tía Maki, debes venir conmigo—.
Agarró fuertemente su brazo y la arrastró lejos de ahí.
—¡Ámbar! Despierta por favor...—. Repetía
una y otra vez, pocos minutos pasaron hasta que Ámbar volvió a la normalidad. —¿Qué
te pasado?—.
—Recordé...—.
Dilucidó pensativa. —Recordé como llegue al planeta Tierra—.
—¿Al planeta Tierra—.
—Si, así se llama aquel lugar donde viví—.
—Que pocos originales—. Pensó.
—Encontré esta carta, es para mí...—.
—Léela—.
Lentamente abrió el sobre y comenzó a leer aquellas
líneas...
—Y bien, ¿qué dice?—.
—Nada importante, sólo menciona que
estamos yendo por el camino correcto y habla de una fruta prohibida. ¿A qué se
refiere?—.
—Según los habitantes de la cercanías del
Lago Cristal hay una fruta en los bosques que es venenosa, otros dicen que son
envenenadas por algún ser, pero nadie conoce la verdad. No te preocupes,
nosotros no entraremos al bosque, ni mucho menos comeremos alguna de las frutas
que crezcan en sus alrededores—.
—Xinux debemos marchar, este lugar no me
ayuda a recordar algo más, estamos perdiendo tiempo—.
—Tienes razón, Mi Lady. Debemos irnos—.
Salieron de allí, dejando todo en su lugar. Marcharon hacia
el Lago Cristal. A pocos metros de distancia, después de caminar varias horas,
podían ver al fin aquellas aguas cristalinas. Al acercarse cada vez más se
admiraba al comprender el nombre de aquel lago. Ciertamente sus aguas eran
transparentes. Podían verse los peces nadar y las rocas coloridas al fondo del
lago. Era más de lo que podía imaginar, muchos de los lugares que había
conocido en esas tierras eran majestuosos.
—¿Tienes hambre?—.
—Sí, un poco—.
—Podríamos
descansar un poco y comer algo. ¿Qué opinas?—.
—Muy buena idea... El viaje parece
interminable... ¿Cuánto tiempo nos falta para llegar al Castillo del Reino
Yahannat?—.
—Hemos
recorrido recién la mitad del camino... Debemos rodear el lago, si vamos hacia
el este encontraremos un atajo, ahorraríamos algunas horas y...—.
–¿Y…?—.
—No me hagas caso, no es nada—.
Dejaron los bolsos a un lado, pusieron una tela suave sobre
aquel césped, reposando sobre el mismo. Como en todo el viaje, Xinux le ofreció
nuevamente Rañum, a ella no le molestaba, al contrario, le encantaba.
Pardy trataba de pescar algunos de aquellos cientos de pececitos
cuando de pronto salió corriendo a orillas del lago rumbo al este. Su ama, lo
llamó varias veces, pero aquel animalito no le hacía caso y seguía corriendo.
—Ve, Ámbar. Yo juntaré las cosas y los
alcanzaré. No te alejes demasiado—.
—Gracias...—.
Ámbar salió tras el pequeño, caminando a orillas de aquel
majestuoso lago....

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