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jueves, 9 de abril de 2015

CAPITULO VI: El castillo Elfo.

 Capítulo VI

El castillo elfo.

 Desvastado, Xinux creyó que no había más   que hacer. Lleno de lágrimas acercó lentamente sus labios a los de ella y con ternura la beso suavemente. Sus labios húmedos con las lágrimas mojaron aquellos labios resecos de Ámbar, que poco a poco fue volviendo a su color. Su pulso y su respiración volvieron. Seguidamente abrió los ojos, encontrando los labios de Xinux cerca de los suyos. Pronto él noto que Ámbar había vuelto en sí y que no presentaba ningún daño. Recordó entonces su posición ante ella y alejó su rostro.

¿Ámbar estás bien?—. Balbuceó estupefacto al sentir su respiración.

Sí, estoy bien... ¿Qué ha pasado?—.

Has mordido la fruta prohibida, pero ¿Por qué? Merry ya te había advertido—.

Un Dowgs me lo obsequio—.

¿Un Dowgs? No lo he visto—.

Estaba junto a mí cuando gritaste...—.

Juro que no he visto a nadie más que a ti.

Estaba junto a mí...—. Redundó, recordó entonces aquella visión que tuvo antes de encontrar a aquel Dowgs, se puso de pie comenzó a correr. —¡Ven Xinux!—. Chilló.

Xinux algo extrañado siguió a Ámbar, feliz por un lado, parecía que ella estaba bien y eso era lo más importante. Corrieron hasta donde habían dejado sus pertenencias, encontrando todo desparramado por los alrededores.

¡No!—. Exclamó Ámbar asustada. ¿Dónde está? ¿Dónde está? —Repitió varias veces mientras lo buscaba bajo las cosas.

¿Qué buscas Ámbar?—.

Busco...—. Expresó pero pronto calló, al ver al pequeño gatito trayendo aquella bolsita marrón que con tanto anhelo buscaba. —¡Pardy!— Exaltó. ¡Ven pequeño!

Al tener al animalito en sus manos y lo que este portaba sintió alivio.

¿Estás bien, Ámbar? Te encuentro algo extraña...—.

No pasa nada Xinux, perdóname, sentí que perdía lo que más amo…—.

Sé lo que has sentido, ha pasado por ello hace pocos minutos cuando no reaccionabas, si sólo supieras… Si tan sólo pudiera decírtelo...—. Pensó, pero  no había tiempo para eso, sin más distracción le anunció: Juntaremos las cosas e iremos hacia el oeste—.

Tardaremos más...—.

No importa, vale más vuestra seguridad—.

¿Qué ha sucedido? Cuéntame Xinux—.

Nos están siguiendo, eso es indudable—.

¿Quiénes?—.

No lo sé. Escuché a unos bárbaros hablando sobre nosotros, ellos fueron los que revolvieron nuestras cosas y al parecer no encontraron lo que buscaban—.

Debemos irnos entonces...—. Propuso, temiendo que pudiera llegar a perder el rubí.

Tienes razón—.

Juntaron sus pertenencias y marcharon bordeando el lago rumbo al oeste.

 

Llegaron al extremo oeste del lago algo cansados.

¿Quieres refrescarte?—.

Realmente sí...—.

Detrás de aquellos árboles encontraras una pequeña cascada, donde podrás refrescarte tranquila, mientras yo  vigilo que aquellos hombres no se acerquen a nosotros—.

Gracias, realmente lo necesito—.

Ámbar penetró por aquellos árboles, a poca distancia encontró una tranquila cascada. Desvistió su cuerpo lentamente, apreciando aquellas serenas aguas. Disfrutaba de las cálidas aguas cuando su paz terminó. Un escalofrío la invadió, sospechaba la presencia de un fisgón. Entre las hierbas escuchó el crujir de las hojas, que confirmaba sus sospechas. Salió cuanto antes de las aguas y se vistió. Distraída, dejó caer la pulsera, regalo del Dowgs. Cayó a orillas de la cascada.

Ámbar siguió ciegamente a su espía, desdibujado por la maleza del  bosque al cual penetraba cada vez más. Tras unos minutos, chocó contra un gran muro que se extendía unos kilómetros al Norte. La sombra desapareció, ahora sólo halló una pared. Buscó por el sur y descubrió aquella sombra cruzar frente a ella, a unos pares de metros donde el fuerte terminaba. Corrió hacia él, pero ya no lo localizó. El individuo había desaparecido una vez más. Detrás de los arbustos escuchó el crujir de hojas otra vez, pero no había nadie.

De un momento a otro sintió en sus labios y en su cintura una mano que presionaron fuerte, evitando que pudiera escapar o gritar. Intentó liberarse de su secuestrador pero no lo logró. Poco tiempo después, el hombre que la había arrastrado, la soltó. Desconcertada, delante admiró a hombres y mujeres de cabellos largos y orejas puntiagudas. Muchos de ellos parecían guerreros, por sus trajes, y los arcos y flechas que traían sobre sus espaldas. No se atrevió a decir ni una palabra, miró a su alrededor, ninguno le apartaba la mirada.

Ahora, dentro de aquel muro, sentía estar atrapada. Miró el castillo, rodeado por una aldea. Permaneció en silencio, alerta. Un hombre llegó entonces y se acercó a ella, al parecer era la voz líder del grupo reunido.

Reinux Waipp, a vuestro servicio. Nuestra querida huésped. Seguro no me conoces—. Exclamó, claramente no tenía ni idea de quién era  pero me presentaré. Soy el gran Rey Elfo, este es mi pueblo. Me he enterado de vuestra llegada y he decidido recibirla en nuestro humilde reino—.

Mi nombre es Ámbar, a vuestro servicio—. Expresó con gratitud haciendo reverencia.

 

Levántate, no es necesario. Quisiera mostrarte nuestra fortaleza.

Mi lord, hay un individuo rondando fuera del fuerte, al parecer es un hombre de tez blanca, cabellos rubios y considero que anda buscando algo o a alguien. Interrumpió un hombre, al parecer un guardián.

Atrápalo, si se resiste asesínalo, no podemos dejar que descubran nuestro secreto.

¡No…! Viene conmigo gran rey, no le hagas daño, Xinux es vuestro amigo.

¡Espera! –Ordenó el rey al  guardián- ¿Xinux? ¿Xinux Warpp?—.

Sí, el mismo.

Tráelo aquí, sano y salvo.

No le harás daño ¿verdad? —.

Qué sea medio elfo no significa que no sea de la familia.

¿Medio elfo? —.

Sí, como has escuchado. No podemos negar que aun así tiene una de las mejores vistas nocturnas y la mejor puntería con el arco y la flecha. Pero se ha dedicado a la espada desde que ingreso al ejército humano. Bueno. Continúo: Te llevaré a recorrer el castillo y te designaré la mejor habitación para reposar. Luego serviré un banquete de bienvenida a vuestra merced.

Mis cosas han quedado a la orilla de la cascada. No puedo quedarme aquí.

No os preocupéis por eso, mandaré a buscar vuestras pertenencias. Pero no puedes marchar aún. Leinux, ve en busca de las pertenencias de nuestra huésped a la orilla de la cascada y demás lugares cerca del lago cristal.

El hombre asintió y desapareció al instante. Al cabo de unos segundos apareció Xinux con uno de los guardias de aquel reino.

Querido Xinux, tanto tiempo —Exclamó. –Hace tanto que no te veo. La última vez eras un pequeño. —Sonrió y continúo: Me enteré que fuiste al ejército humano y que ahora andas con espada.

Sí, es verdad. Y, ¿Quién eres? ¿Reinux? —.

Así es, por lo que veo me recuerdas.

Sólo vuestro nombre, mi rey. Pero me han hablado mucho de vosotros, de vuestras hazañas y aventuras de hace décadas y siglos que creo conocerlo de toda la vida.

Pues, yo te recuerdo bien, a ti y vuestro padre. Las noticias llegan rápido aquí. Acompañadme, os mostraré el castillo y vuestras habitaciones para que descanséis esta noche. Además, os concederemos provisiones y un carruaje para que puedan apresurar vuestro paso hacia el gran castillo del Reino Yahannat.

Os agradezco vuestra amabilidad y aceptaremos las provisiones, pero no podemos aceptar el transporte. Poseo indicaciones de Merry James de hacer la travesía a pie, no podemos tomar ningún transporte, a menos que me lo autorice.

Ese viejo, hace tiempo que no lo veo. Lanzó entre risas. Si le hacéis caso a él allá vosotros, yo no me meto en eso. ¿Cómo anda ese viejo excéntrico?

La última vez que lo he visto, estaba muy bien, pero eso fue hace tiempo. Hace más de un mes.

Además de esa absurda orden del transporte, ¿Qué más os ha ordenado? —.

Mis órdenes son claras y justas con un fin preciso y certero, que sólo yo y ciertamente a Merry nos incumbe, y no a vosotros. Sólo puedo decirte que mi deber es proteger a esta bella doncella frente a cualquier peligro y amenaza.

Pero considero que no estás cumpliendo bien vuestro trabajo, por que la ha dejado a merced de un extraño que podía haberla raptado y causado daño. ¿Dónde estaba su guardián en ese momento? —.

Se estaba aseando. ¿Cómo quieres que la vigilara? Replicó enfadado. Y protegerla no es un trabajo, es un honor.

No peleen ¡Basta! Exclamó nerviosa Ámbar. Él no me ha dejado sola, yo no debí irme detrás de un extraño, el jamás me dejaría, fui yo quien se aventuró poniéndome en peligro. No puedes acusarlo por mi culpa.

Disculpa, mi lady, no quería que te enfadaras conmigo, sólo te advierto que alguien los persigue.

Debe de ser aquel hombre del Bosque del Lago Cristal, pero después contaré este asunto.

En fin, vallamos a recorrer el castillo. Claro, si vosotros lo deseáis.

Nos encantaría. Expresó  Ámbar amablemente.

Reinux los guió, primero atravesaron la aldea, muchos elfos volvieron a sus casas, otros los siguieron hasta al castillo.

En pocos minutos se hallaban dentro del castillo, en una gran sala rodeados de elfos y de entre ellos salió uno entregándoles a Xinux y a Ámbar sus pertenencias. << ¿Dónde estará Pardy?>> se preguntó Ámbar preocupada. Pero detrás de aquel elfo apareció otro con el pequeño animalito.

¡Pardy! Gritó emocionada al verlo sano y salvo. Luego miró al bolso, intrigada y preocupada, ahora por el rubí, pero no era el momento propicio para averiguarlo.

Ahora que nos encontramos reunidos, queremos darle nuestra más preciada hospitalidad en este, nuestro castillo. Desde los más insignificantes hasta los más importantes de los integrantes de nuestro imperio ofrecen vuestra entera disposición.

Os agradezco vuestra gentileza y os ofrezco mis servicios a vuestro pueblo.

Lo tendré en cuenta –le respondió a Xinux, luego exclamó –Aquí tenéis pueblo mío, ante vuestros ojos: Ámbar Hannat Trofiriuss. Démosle nuestra bienvenida, una bienvenida digna de una reina.

Al decir esto los elfos respondieron conformes, unos proclamaban el gran banquete otros incitaban a una gran fiesta.

¿Vosotros queréis una gran fiesta y un gran banquete para nuestra huésped de honor? Todos dieron una respuesta positiva  Entonces, avisad al pueblo la noticia, habrá fiesta. Comenzad a preparar para el banquete.

Al instante, todos empezaron a realizar tareas, corrían de un lado para otro, no tenía mucho tiempo. Poco a poco hubo desaparecido la gente y unas que otras iban y venían o se quedaban adornando el salón.

Seguro debéis de estar cansados, viajar es agobiador y más cuando no se cuenta con lo necesario. Los guiaré a vuestras habitaciones y podéis recorrer el castillo cuando gusten.

Ellos los siguieron y subieron las escaleras de la gran sala principal. Caminando por los pasillos Ámbar se sorprendió al ver un cuadro de sus padres.

¿Por qué tenéis un cuadro de mis padres? —.

Ha sido un obsequio de vuestros padres. Jamás ha sido movido de lugar, es muy valioso para nosotros. Su marco está hecho de oro puro incrustado con rubíes genuinos de Hannat. Pero lo más valioso es el gran significado de esta pareja. Por otro lado… Concluyó. Continuemos. Vuestra habitación se encuentra más adelante.

Las habitaciones estaban enfrentadas, cada una era de dos puertas.

Estas son vuestras habitaciones—. Al abrir una anunció: Ésta será vuestra habitación, Mi Lady, y ésta: Dijo abriendo la otra puerta Será la vuestra, Mi Lord. Espero que os guste y os sea cómoda.

Está bien. Respondió ella contenta, sin más que decir, la habitación era enorme.

Notablemente era dos veces más grande que las habitaciones del castillo de Janas. Miro aquellas paredes blancas, las cortinas y sábanas muy finas, la impecable alfombra y aquella gran ventana por donde veía el pueblo. Xinux saludo al rey y entró en su habitación. Pero ella permaneció allí.

Muchas gracias por vuestras atenciones, pero me gustaría que me explicaras que sucede.

Las palabras de Ámbar parecían medidas, seleccionadas cuidadosamente. Le era difícil acostumbrarse a hablar así, pero debía acostumbrarse, pensaba que su estadía en ese nuevo mundo duraría bastante.

Ten paciencia, mi lady. Descansa y más tarde vendrán a despertarla, con gusto responderé vuestras preguntas. Que descanses, Mi Lady. Culminó y se fue.

Gracias. Agregó vagamente, Reinux abandonaba el lugar.

Entró a la habitación y dejó a Pardy en el suelo, para que pudiese moverse libremente, al rato dejó los bolsos a la orilla de la cama, como le era costumbre, y se acostó.

 

Xinux dejó sus cosas y se recostó en la cama, se encontraba pensativo hasta tocaron la puerta.

¡Pase! Respondió, era Reinux.

Amigo, ¿Estás cansado o puedes hablar un poco? —.

No te preocupes estoy más disponible que vosotros. ¿Qué deseas? —.

Han llegado a vuestro reino millones de noticias, no sé si todas serán cierta, pero muchas lo son. Los ogros se acercan y corren peligro porque no aceptas mi más grata oferta.

¿Por qué no mejor ofreces vuestros guerreros para la Gran Guerra? Por qué he oído que no intervendrán para destruir a los invasores ogros y magos.

Eso no es problema nuestro, la culpa fue de los humanos que se encarguen ellos, nosotros estamos bien aquí. No dejaré ver correr sangre de mi pueblo, no otra vez…

¿Y porque demonios no nos ayudas entonces? Gritó enfadado. Los humanos son muy pocos contra tanta maldad y si mueren los humanos seguido a eso no tardarán en hallarlos y aplastarlos como cucarachas. No entiendes que volverá a correr sangre y morirán nuestros seres queridos…—.

¡Calla! No deseo escuchar más palabrerías. Si quieres acepta mi ofrecimiento, pero no daré mi brazo a torcer, mi palabra es ley y aquí todos obedecen mis órdenes. Mi ejército no moverá un dedo por los humanos… ¡Adiós, medio-elfo! —.

Reinux se fue, pero Xinux seguía enfadado, sentía por el un gran odio. Volvió a la cama, deseaba descansar un poco, pero inconscientemente se durmió.

***

Ámbar se hundió en un sueño profundo, estaba corriendo a aquella sombra que la observaba en la cascada. Corría lo más rápido posible, atravesando las ramas entrelazadas entre sí que le impedían ir más veloz y la llenaban de rasguños. Apenas notaba donde se iba, sólo veía una sombra borrosa que no podía alcanzar. De pronto alguien se le atraviesa en el camino chocándose contra él. Asustada alzo la vista, podía llegar a pensar que era una pared, porque era muy dura. Ante sus ojos un monstruoso ser, era un gigante  de piel verde y verrugosa, con grandes colmillos sobresalientes, una cara deforme y un olor putrefacto. Su ropaje era de piel harapienta y sucia

Con miedo, sin saber qué hacer, retrocedió unos pasos lentamente, sin quitar la vista de aquel garrote que sostenía aquel grotesco ser.  Detrás de este aparecieron muchos más, miles de esos desagradables seres observándola. Al verlos, salió corriendo tan rápido como pudo, escuchando los abominables pasos siguiéndola, rompiendo y lanzando los árboles que le interrumpían su paso. No sabía por dónde corría ni para donde, podía ver apenas una desdibujada imagen del camino. De pronto siente que alguien la sostiene.

***

Fría del susto, dio un grito y despertó. En todo su cuerpo sentía escalofríos. Abrió los ojos, estaba en la habitación. Un relámpago sonó asustándola aún más. Se levantó de la cama, fuera estaba oscuro, llovía.  Una tormenta se había hecho presente, apoderándose de aquel hermoso día. Se recostó sobre el marco de la ventana cuando escuchó tocar a la puerta. Entonces se acercó y abrió.

¡Hola! Exclamó una muchacha, que apenas abrió la puerta se metió al cuarto cerrando la misma. Disculpa mi atrevimiento. Mi nombre es Amarix, hija de Reinux Waipp. Mi padre no puede saber que estoy aquí.

Entiendo, no le diré –aseguró –Pero… ¿Qué quieres de mí? —.

Necesito que me sigas. Necesito mostrarte algo.

¿A dónde iremos? —.

Ya lo sabrás.

Amarix tomó a Ámbar de la mano y casi arrastrándola la llevo hacia un gran placar que había en la habitación y abrió una de las puertas corredizas.

¿Qué buscas ahí? —.

Sólo seguidme, no tengo tiempo para dar explicaciones aquí, es peligroso.

Ámbar lo acepto y sin decir una palabra la siguió. Dentro del placar había una puerta secreta. Pasaron por ella llegando a un pasillo oscuro y desierto. Al cerrar la puerta secreta no podía ver nada. Amarix aplaudió entonces dos veces y unas antorchas iluminaron ambos lados del pasadizo.

—¡Toma! Le ordenó arrojándole una tela negra. Son túnicas impermeables, ponte, y también estas botas. Agregó extendiéndole un par.

Al ver Amarix que las dos estaban lista supo que era tiempo de continuar.

Sígueme—. Dirigió nuevamente mientras empezó a correr. Ámbar la seguía detrás.

Había corrido más de media hora por los pasillos, pasando desvíos y subiendo y bajando escaleras. Ámbar llegó pensar que giraban en círculos, pero en pocos minutos la muchacha se detuvo sobre una pared y comenzó a palmearla. No entendía que buscaba, hasta que pudo divisar una puerta oculta, mientras la abría escuchó la lluvia golpear fuertemente contra el suelo mojado.

Amarix se puso la capucha y salió corriendo bajo de temporal, al darse cuenta de que Ámbar no la perseguía le hizo señas para que la alcanzara. Fue entonces cuando se puso la capucha y la siguió. La puerta se cerró desapareciéndose ante sus ojos, lo que la sorprendió mucho. Sentía intriga de que era eso que le mostraría, pero tenía que mantenerse paciente.

Corrían por un jardín oscuro, realmente era tenebroso. Los árboles desnudos, el pasto largo y seco, cuervos volando y ruidos de animales muy extraños. Corrían entre los árboles y ramas caídas y sobre aquel barro que formaba la lluvia. Así durante unos minutos, hasta que llegaron al gran muro donde ella se recostó. Murmuró unas palabras y empujando abrió una gran puerta.

Sígueme—. Solicitó una vez más

¿A dónde me llevas? ¿No es peligroso salir del reino en estos momentos?—.

Sígueme—. Pidió. —Quisiera que vieras algo primero. No te arrepentirás. ¡Vamos!

Ella asintió y la siguió. Ya no corrían, caminaban seguras de la lluvia bajo la gran arboleda. La elfa comenzó a mirar a lo alto, parecía buscar algo.

¡Aquí está!— Manifestó contenta.

Es un Amamols—. Examinó con asombro.

Amarix se acercó, aparentaba que quería escalarlo, cosa que Ámbar dudó. No había ramas a menos de tres o cuatro metros de altura. Pero la muchacha al parecer tenía otros planes, los cuales tenían el mismo objetivo que sospecho ella. La escuchó murmurar nuevamente, pero esta vez parecía hablar con alguien y luego levantó una pierna como para escalarlo, de inmediato salió un segmento de madera del tronco donde deposito su pie. Seguidamente aparecieron muchos más, formándole una especie de escalera donde pudo subir tranquilamente.

Acompañame, ¡Date prisa!—. Exigió.

Ambas escalaron por aquellos resaltos hasta llegar a las ramas y desde ahí no pararon hasta llegar a lo más alto del Amamols. La copa del árbol las protegía de las lluvias. Había subido bastante, pero al constatar la altura Ámbar sospechó no haber subido tanto. Llegó a pensar que el árbol había crecido, no lo veía tan alto desde el suelo. Desde donde estaban podían apreciar todo el bosque.

¡Mira! ¡Allá, al sudoeste! Le dijo la elfa, pero ella no logró ver nada ¡Mira! Insistió. ¿No ves aquel campamento? —.

Intentó verlo varias veces más, pero sólo veía árboles y más árboles. Amarix entonces buscó algo bajo su capa.

¡Toma! Es un pequeño telescopio elfo.

Al mirar a  través de éste, Ámbar, al fin logro distinguir a gran distancia un campamento. Grandes carpas y extrañas sombras reunidas reflejadas por el fuego de alguna posible fogata. Eran sombras enormes y deformadas. Debían de haber centenares de carpas, con decenas de ellos acampando en cada una.

¿Qué son? —.

Son ogros. La tormenta y la oscuridad los ha detenido, pero mañana por la mañana seguirán su camino hacia el gran castillo—.

¿Ogros? ¿Cómo son? Interrogó intrigada.

Son enormes criaturas verdes y verrugosas, tienen grandes garras y colmillos, además huelen espantoso. ¿Por qué? ¿Has visto alguno? —.

No, sólo curiosidad. Respondió y agregó: ¿Para qué me has traído? ¿Para ver esto? —.

Los ogros están muy cerca… Eso es lo que quiero decirle a vosotros. Xinux debe de saberlo para que podáis cumplir bien vuestra misión.

¿Qué misión? —.

¿Me hablas enserio? ¿No eres tú Ámbar Hannat Trofiriuss? —.

Sí, soy yo. Pero nadie me ha querido decir nada.

¿Nada de qué? —.

De mí pasado… —.

¿No recuerdas vuestro pasado? Eso es realmente muy serio, heredera.

Ayúdame por favor, te lo pido.

¿Pero cómo? —.

Cuéntame todo lo que sepas de mí.

Los elfos me han ocultado todo sobre ti—.

¿Por qué? —.

Fue orden de mí padre. Realmente hace años que lo siento distintos, éramos tan unidos, no me ocultaba nunca nada. Ni cuando mi madre falleció. Pero ahora hasta ha advertido a los del pueblo que si me cuentan algo serán encarcelados.

Entonces, no puedes ayudarme. ¿Verdad? —.

Espera, no he terminado. Los elfos me han ocultado todo pero tengo amigos que me han hablado mucho de vuestra historia.

¿Hablas enserio? ¿Quiénes son? Dime, quisiera hablar con ellos.

No creo que sea posible, por lo menos todavía, hablar con ellos.

¿Por qué? —.

Porque son Amamols, no creo que entiendas su lengua. Pero pregúntame, ¿Qué quieres saber? ¿Quiénes eran vuestros padres? —.

No, eso ya lo sé… Quisiera saber quién soy y para que estoy aquí.

Hace diecinueve años un profeta enunció… —.

Lo sé,  que vendría al mundo un niño que salvaría a Unamilum… —.

¿Y sabes que el niño en realidad era niña? —.

No.

Entonces, ¿Tampoco sabes que aquella heredera, la salvadora de Unamilum, eres tú? —.

¿Qué…? Preguntó atónita.

La verdad no entiendo porque te han ocultado algo tan importante como eso. Le señaló. ¡Ámbar! ¡Ámbar! —Insistió a verla inmóvil y pensativa.

No puedo creer lo que me has dicho… —.

Escucha Ámbar, una gran guerra vendrá, eres la única que puede salvarnos. El reino elfo no te ayudará, mi padre lo ha impedido. Tanto él como yo sabemos que los humanos son muy pocos y no sobrevivirán y que luego vendrán por nosotros y no podremos vencerlos. Tienes que idear un plan desde ya. Al menos si me escuchará... Agregó.

¿Por qué no quiere ayudarnos? —.

No puedo decirte con exactitud, pero mi padre ha cambiado mucho. Supuestamente odia a los humanos, porque fueron los causantes de la gran guerra, pero el racismo de Naeris ya había comenzado vagamente.

¿Qué crees...? —.

Qué hay algo más… —.

¿Qué...? —.

Necesito que confíes en mí. Te contaré todo, pero tienes que ser paciente, ahora debemos irnos.

Ámbar estaba cansada de escuchar siempre la misma respuesta “Tienes que ser paciente” y nunca una respuesta concreta. Pero en parte eso había cambiado, sentía que aunque le había dicho que tenga paciencia al fin le contaría lo que quería saber.

Tenemos que volver, ¡Bajemos! —.

Ambas bajaban por las ramas, cuando el árbol empezó a temblar. Ámbar pensó que el árbol iba a caer, que alguien en lo bajo lo estaba cortando, pero la idea pronto se le hizo absurda, parecía que el árbol se encogía, que se hundía, que se lo tragaba la tierra. Se sujetó al tronco y cerró los ojos unos momentos, al abrirlos distinguió a Amarix tirarse del árbol. Se asustó y apresuradamente miró hacia abajo. Más tranquila encontró el suelo a pocos metros. No trató de buscar lógica, pensó que no la encontraría, sólo salto y se integró con la elfa que empezó a correr hacia el castillo.

Al llegar frente al gran muro miro a ambos lados y se fijó que nadie las haya seguido, entonces recién ahí palmeó sobre el gran paredón y murmuró unas palabras. Seguidamente empujó sobre aquellos bloques y se abrió aquella puerta por donde habían salido. Entraron y la puerta volvió a cerrarse detrás de ellas.

Debo de decirte toda la verdad, por lo que puedes acompañarme a un último lugar. Le indicó.

Ámbar sólo asintió, comprendió que debía ser paciente. No podía creer ser aquella “Legendaria Heredera”, pero << ¿Heredera de qué?>>  no entendía de que era ser “La Heredera”. Tenía claro que era la “salvadora” porque el mundo estaba completamente en guerra, pero igualmente no sabía cómo podía salvarlos. No conocía nada de armas, ni de guerra, mucho menos de aquellas extrañas criaturas a las que debía enfrentarse.

Seguía a Amarix hacia donde las hiervas secas y los árboles desnudos abundaban y poco tiempo después comprendió donde estaban. Se detuvo y miro a su alrededor, bloques por donde mirará, pero no eran más que lápidas. Estaba en un cementerio.

¡Sígueme! Es allí Le anunció señalándole una bóveda.

Ella la siguió hasta frente a la bóveda donde estaban inscriptas unas palabras:

<< Sunix Warpp:

Eres para todos nosotros un recuerdo  imborrable y amado.

Tu amor eterno y tus hijos.

A.S.1168>>

¿Sunix Warpp? Se preguntó repetidamente. ¿Será familiar de Xinux? —.

Es mi madre—. Confirmó triste.

¿Vuestra madre? –Pensó sin atreverse a decir ni una palabra más, sólo la miró y miró aquel sepulcro lleno de rosas amarillas.

Mi padre tiene un rosedal de rosas amarillas, todas las mañanas manda a traer muchos ramos. Mi madre las adoraba. e escuchó sólo un silencio por unos segundos, hasta que agregó: Debemos irnos, no pueden verme fuera del castillo, ni mucho menos cerca de ti. Dicho esto continúo corriendo una vez más.

Aunque eso tal vez fuera cierto, Ámbar sospechó que trataba de evitar que la viera llorar, ya que sus ojos estaban brillosos.

Volvieron dentro del castillo, por los mismos pasadizos, los cuales le parecían a Ámbar un verdadero laberinto, llegando al fin. Nuevamente se hallaban en la habitación designada a Ámbar, ya no traían más ni aquellas botas ni túnicas.

Primero, quiero hablarte de los Amamols porque te serán de gran ayuda. Pero debes conocer sus verdaderos secretos, lo que verdaderamente son. Estoy segura que lo que te han contado es incierto o inexacto. Los Amamols fueron guerreros, de alturas extremadas, con cuerpos similares a los rasgos humanos. Lo que los diferencia de los humanos, además de su gran altura, es su posibilidad para adoptar la forma de un árbol. Por sobre todo eso, ellos al morir en su cuerpo “humano” yacen como árboles, capaces de vivir miles de años y esos árboles pueden controlar su crecimiento y todo respecto a su forma, altura o diámetro.

¿Ese árbol nos ayudó? ¿Verdad? —.

Exacto. Ellos tienen forma de árboles y poseen la habilidad de controlar su naturaleza. Producen más oxígeno y protección a los animales de las tormentas, por eso son tan amados por todo Yahannat. Hoy Imols nos ayudó, es difícil que los Amamols lleguen a confiar en las personas, pero he llegado a conquistar su confianza y ahora es mi amigo. No es imposible aprender su idioma, sólo hay que saber escuchar. Pero bien… Exclamó cambiando de tema: —Quería que sepas lo de los ogros porque escuché que no querían aceptar la ayuda de mi padre—.

No sé porqué, pero lo ha dicho Merry, y tanto Xinux como yo debemos obedecerlo. Tendrá algún motivo poderoso para ello.

Creo que es sólo porque no lo soporta. Yo sólo quiero decirte que estoy  a vuestra merced.

Te agradezco verdaderamente. —Al decir esto se escuchó unos fuertes pasos por los pasillos acercarse a la habitación.

Debo irme, discúlpame no poder seguir respondiendo vuestras preguntas pero no es peligroso que me encuentren aquí.

No os preocupéis. Respondió, observando que en pocos segundos la muchacha desapareció y apenas eso hubo sucedido golpearon a la puerta. ¡Pasa! —.

Disculpa, Mi Lady, vengo a avisarte que dentro de poco el banquete ha de estar listo anunció un sirviente del reino.

Muchas gracias, enseguida bajaré.

Al irse aquel sirviente Ámbar buscó algún vestido para lucir aquella noche importante.

Había pasado ya mucho tiempo cuando de pronto, justo cuando iba a salir de la habitación, escucha que alguien conversa tras su puerta. Al parecer era la voz del rey, quien daba unas órdenes a unos soldados. En ese instante alguien sale de aquel placar asustándola. Más tranquila visibilizó a Amarix.

Toma vuestras cosas rápido y sígueme. ¡No preguntes, hazme caso!—.

Ámbar trató de agarrar lo más pronto posible su bolso y a Pardy, y fue tras Amarix. Apenas aquellas habían estado a salvo en aquellos pasadizos pudieron escuchar un gran golpe contra las puertas de aquellas habitaciones enfrentadas donde en una de ella todavía se hallaba Xinux.

¡No!—. Emitió tal cual un rugido.

No hagas ruido, podrían escucharnos—.

No podemos dejar a Xinux, no...—.

Amarix arrastró a Ámbar, quién dejaba remolcar su cuerpo pero su mente seguía allá, en donde se encontraba Xinux. No podía entender porque él no estaba con ella.

¿Por qué? se preguntó en voz alta deteniéndose. Decidida a no hacer caso a Amarix si no a su sentimiento No aguanto más, iré por él...

¿Por quién irás tan decidida? interrogó una voz, inconfundiblemente ella sabía quién era.

¿Xinux?

¿Esperabas a alguien más? replicó sonriente.

Debemos seguir.

Tienes razón, Amarix.

¿Qué sucede? ¿Podéis decirme de qué o quién huimos?

Ámbar todo fue una trampa para deshacerse de ti, no hay tiempo de hablar síguenos y pronto te contaré el resto al encontrarnos a salvo.

Así lo hicieron, pasaron muchos pasillos y bajaron muchas escaleras llegando pronto a un pasillo muy largo que no se veía el fin. Desde entonces empezaron a correr durante unos segundos llegando a una gran puerta oscura. Amarix sacó de unas de aquellas bolsitas que llevaba una gran llave con la que abrió aquella puerta. Ámbar se sorprendió al descubrir que se hallaban dentro de un sepulcro.

¿Qué hacemos aquí?

Acércate, quiero mostrarte la prueba de una gran mentira pidió Amarix abriendo ataúd.

Ámbar con temor se acercó comprobando que dentro no había nada.

Le pregunte a mi padre sobre mi madre y descubrí que él no es quien dice ser.  Descubrí el hombre que os recibió no es el verdadero Reinux Waipp, ya que mi padre sabe que el cuerpo de mi madre nunca apareció y este supuesto Reinux contradijo la verdad.

¿Pero eso en que nos pone en peligro?

Ámbar oí al usurpador decir que debía eliminarlos lo más pronto posible, exactamente antes del banquete, antes que los elfos creyeran realmente en vuestra identidad.

Amarix creó que debemos de irnos rápidamente.

Lamento no poder acompañarlos pero mi destino se encuentra aquí.

Comprendo respondió Xinux.

Salgan exclamó abriendo la puerta de la bóveda.

Ambos salieron corriendo bajo la lluvia hacia a aquel muro y al llegar extrañamente se abrió aquella puerta donde ya una vez atravesó Ámbar. Del otro lado los esperaba un elfo. Xinux sacó rápidamente la espada, creyendo que los habían descubierto.

No os preocupéis, Amarix me ha ordenado que os de paso para huir de aquí. Toma, me dio esto para ti –aclaró mientras le entregaba la pulsera del Dowgs.

Muchas gracias exclamó Ámbar mientras se lo ponía. Apenas pudo ponérselo cuando sintió que Xinux la sujeto de la mano y comenzó a arrastrarla, a su alrededor escuchó gritos, al parecer algunos elfos estaban pisando sus huellas y necesitaban encontrar algún escondite. Por lo que Ámbar recordó algo que podría ser la salvación.

Sígueme exclamó Ámbar, esta vez adelantándose y arrastrando a Xinux.

Poco tiempo después se encontraron frente a aquel Amamols que había visitado con Amarix.

¿Por qué te has detenido? ¡Ámbar, corre! repitió tratando de hacerla seguir, pero ella no se movía.

Xinux, Imols nos puede ayudar.

¿Quién es Imols?

Él.

¿Te refieres al Amamols?

Sí, pero no necesitas explicación, lo entenderás sólo sabiendo quienes son los Amamols. Debemos subir.

Es imposible Ámbar, las ramas están fuera de nuestro alcance.

Ahora, pero dentro de poco estarán a nuestro alcance dicho esto, Ámbar pareció murmurar algunas palabras y pronto empezaron a brotar del tronco ramas formando una plataforma donde impulso a Xinux a subir junto a ella. Al estar ambos sobre aquellas ramas el árbol comenzó a crecer dejándolos a varios metros de distancia del suelo.

Gracias a Imols estarían a salvo del viento y la lluvia, por lo que decidieron que convendría pasar la noche allí y por lo que sería conveniente ponerse cómodos para intentar descansar algo.

 


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